Para muchas mujeres conseguir un buen pantalón, una linda camisa, un par de zapatos para una fiesta o un corpiño sexy y cómodo es una odisea. La moda exige ser delgada, no tener curvas y calzar hasta el 38.
El mundo se debate entre la obesidad, la hambruna y la anorexia. Lo cierto es que el cuerpo humano no es un estándar como la moda quiere hacernos creer. Por ejemplo, la actriz Anne Hataway (“El diablo se viste de Prada”) declaró hace poco que no permitiría que la forzaran a ser talla 0, porque le gusta comer y no quiere vivir de mal humor debido a las dietas. Por su parte, Liv Tyler ya no modela en pasarela porque se hartó de que en vez de diseñarle un vestido a la medida para un desfile, le dijeran “tienes que entrar aquí”. Por cierto, su hermana Mía, quien también aparece en la imagen, es una chica casi idéntica a su hermana, excepto por su peso, mas eso no ha detenido su carrera como modelo de tallas grandes o, mejor dicho, reales.
“Cuando hice la primera comunión calzaba 41. No encontraba un zapato apropiado ni de casualidad. Recuerdo ese hecho como el primero de una larga lucha”, dice Silvina Pucchio, una argentina de 23 años que mide 1,82 metros. Silvina decidió convertir la crisis en una oportunidad y ahora se dedica a la venta de calzado para damas hasta el número 45 y su tienda se llama “Cenicientas”.
No debe haber situación más estresante para una mujer que entrar en un probador y mirarse, prácticamente desnuda, en un espejo gigante, bajo luces de tubo fluorescente. Todo se complica si hay que medirse varias prendas en un espacio de un metro cuadrado y con una vendedora impaciente. Un probador amplio y cómodo es importante, al igual que el asesoramiento. No todas las mujeres saben qué les queda bien, por eso es clave que la vendedora tenga paciencia y les muestre 10 ó 20 opciones diferentes.
Todo se complica si la mujer rellenita o gorda desea lucir una prenda íntima sexy. Alejandra Di Pacce -dueña de una empresa ubicada en Buenos Aires que diseña y fabrica lencería en talles grandes- dice que no se trata de “talles especiales” porque “son completamente normales”. En “Ale Di Pacce” trabajan con corpiños del 90 al 120 y pantis hasta en talle 5. “Nuestro talle 3, por ejemplo, es para una mujer con 130 cms de cadera. No es el mismo talle 3 que se encuentra en cualquier marca”, explica Di Pacce. “Tenemos clientas de los 20 a los 55 años en promedio, y como creemos que la mujer tiene derecho a sentirse sensual y linda aunque tenga kilos de más o espalda grande, usamos puntillas, encajes de calidad y colores de moda”.